Vivir en el centro tiene muchas cosas malas, sí. Y ahora mismo, después de lo que me acaba de suceder, no se me ocurren cuáles son las cosas buenas. Pero el centro es un termómetro permanente de esta ciudad cínica y abandonada al granito.
Ópera siempre ha sido una plaza habitada por mendigos. Gente, tanto de aquí como de allí, que duerme acurrucada en los cajeros y portales, y de día vive en la plaza de Oriente. Pero cada vez son más. Y los portales no se multiplican. Los cajeros tampoco. Y si antes, cuando llegaba la furgoneta de esa ONG anónima que reparte caldo cada noche, la cola de gente para comer ya era obscena, ahora es un auténtico delito.
Desgraciadamente, desde que vivo aquí, ya son casi diez años, es normal bajar por la noche a sacar al perro y encontrarme a alguien hurgando en el contenedor de basura de mi portal. Incluso ya nos conocemos todos. Pero hoy, hace un rato, al bajar a la perra a dar su último paseo, he visto a una mujer que no me sonaba de nada. Una mujer de unos cincuenta y tantos años, con cara de rusa, o de algún país del Este, que había vaciado el contenedor para abrir una bolsa de la que sacaba unos pantalones de pana. Al mirarla, se ha apresurado a darme muchas explicaciones. Pero cuando la miraba a la cara, hacía un gesto como de esconderse:
- Ahora en seguida ya vuelvo a meter todas las bolsas dentro
- ¿Qué estás buscando? Comida o ropa
- Eh? Ahora mismo lo guardo todo de nuevo
- No te preocupes. Si a mí no me importa. Pero qué necesitas, ¿ropa o comida?
- Eh...
- ¿Las dos cosas?
- Pues... sí...
- Pues espera un momento.
He subido a casa y le he organizado una bolsa. Al bajar, me estaba esperando medio escondida. Ha cogido la bolsa, le he explicado lo que había dentro, y me ha dicho que eran demasiadas. Quería devolverme la mitad. Y, sobre todo, no quería que la mirara a la cara.
A continuación he avanzado a la plaza de Oriente para pasear a la perra, y se me ha acercado una chica tan maquillada que parecía una aparición kitsch, seguida de un operador de cámara. Y me ha preguntado: ¿Qué le parece lo más memorable del 2010? ¿El beso de Iker Casillas y Sara Carbonero?
La he mandado a la mierda.